Enamórate de ti, Walter Riso

[…]la capacidad genuina de reconocer, sin vergüenza ni temor, las fortalezas y virtudes que poseemos […]

Quererse a uno mismo es considerarse digno de lo mejor, fortalecer el autorespeto y darse la oportunidad de ser feliz por el solo hecho y sin más razón que la de estar vivo.

Amar es buscar el bien del otro y disfrutarlo, que su dolor nos duela y su alegría nos alegre, y con el amor propio ocurre algo similar[…]

[…]una cosa es la autocrítica constructiva y otra la autocrítica despiadada que nos golpea y nos hunde.

[…]la autoestima no posee suficiente fuerza, viviremos mal, seremos infelices y ansiosos.

La humildad es ser consciente de la propia insuficiencia, pero de ninguna manera implica ser ignorante de la valía personal.

Es verdad que no hace falta gritar a todo pulmón lo maravillosos que somos ni publicarlo en primera plana, pero reprimirlo, negarlo o contradecirlo termina por herirnos emocionalmente.

Autoconcepto (qué piensas de ti mismo), » Autoimagen (qué tanto te agradas), » Autorrefuerzo (qué tanto te premias y te das gusto) y » Autoeficacia (qué tanta confianza tienes en ti mismo).

[…]mientras puedas evitar el sufrimiento inútil e innecesario, te estarás respetando a ti mismo.

Ten el valor de equivocarte. HEGEL

[…]la idea de que debo destacarme en casi todo lo que hago, que debo ser el mejor a toda costa y que no debo equivocarme, son imperativos que llegan a convertirse en un verdadero martirio.

“La felicidad no es una estación a la cual hay que llegar, sino una manera de viajar”. Esa es la salud mental: viajar bien.

“Soy inteligente o bruto”. Esta forma de pensar es errónea, porque no hay nada absoluto ni rigurosamente extremo.

No temas revisar, cambiar o modificar tus metas, si ellas son fuente de sufrimiento ¿De qué otro modo podrías acercarte a la felicidad?

Ser flexible y revisarse a uno mismo es, sin lugar a dudas, una virtud de los individuos emocional y racionalmente inteligentes.

[…]las personas muy estrictas consigo mismas se colocan una camisa de fuerza para no desquiciarse y el resultado suele ser el desajuste psicológico.

Si eres normativo, perfeccionista e intolerante, no sabrás qué hacer con la vida, porque ella no es así. El resultado será que la mayoría de los eventos cotidianos te producirán estrés, ya que no son como a ti te gustaría que fueran. Esta forma de estrés tiene un nombre: “Baja tolerancia a la frustración”.

Trata de no ser perfeccionista.

Concéntrate en los matices.

La vida está compuesta de tonalidades más que de blancos y negros.

Escucha a las personas que piensan distinto de ti.

[…]si eres inflexible y rígido con el mundo y las personas, terminarás siéndolo contigo mismo.

Revisa tus metas y las posibilidades reales de alcanzarlas.

[…]si tus metas son inalcanzables, vivirás frustrado y amargado. Nadie te soportará,

[…]sólo te concentras en tus errores, no verás tus logros.

Los seres humanos, al igual que los animales, aprendemos por ensayo- error, así algunas personas crean que el aprendizaje humano debe ser por “ensayo- éxito” (esto es mentira y posiblemente producto de una mente narcisista).

Lo que debes entender es que los errores no te hacen mejor ni peor, simplemente te curten,

A veces hay que despertar de los sueños, porque no se harán realidad, y esto no te hace ni mejor ni peor, sino más realista y aterrizado.

Uno de los trucos de la vida consiste, más que en tener buenas cartas, en jugar bien las que uno tiene. JOSH BILLINGS

Hay que envejecer, no hay salida. No hay que ser budista para entenderlo y aceptarlo; el asunto es hacerlo con elegancia y dignidad.

La belleza es una actitud: si te sientes lindo o linda, lo eres, y eso transmitirás a los demás, pero si aceptas pasivamente el modelo de belleza que te imponen desde fuera, terminarás pensando que eres horrible.

[…]aspecto físico ni siquiera es lo más importante de la atracción interpersonal pasadas una o dos horas.

Cuando te enamoras, no lo haces “a medias” o solamente “un poco”: amas o no amas. Igual ocurre cuando el afecto va dirigido a tu persona. Te quieres o no te quieres, te aceptas o no aceptas.

Muchos de mis pacientes se sienten culpables cuando logro convencerlos de que se sienten bajo un árbol sin hacer nada en concreto, más que admirar la naturaleza y jugar con la hierba.

Estar con el freno de emergencia puesto las veinticuatro horas, tratando de ser prudente, adecuado, conveniente, medido y sensato, te llevarán al letargo afectivo y a la apatía absoluta por las cosas que podrían acercarte a una vida más plena. Perderás la capacidad de vibrar y de emocionarte, crearás una coraza y te acostumbrarás a lo rutinario: la diversión y la felicidad te parecerán molestas.

Puedes sentir lo que se te dé la gana, si no violas los derechos de las otras personas, si no te hace daño y si eso te hace feliz,

[…]puedo felicitarme por lo que quiera, ya que cada uno fija sus estándares.

Todos sufrimos un poco de lo que se conoce como el síndrome de Diógenes y guardamos cosas inútiles o absurdas

“Atesorar demasiado te hace vivir como pobre y tener un entierro de rico”.

No todo necesita explicación racional, así como no todo debe ser tomado con sentimentalismo de telenovela.

Hay cosas que no están hechas para pensar, sino para vibrar con ellas (insisto: si no es dañino ni para ti ni para nadie).

Sin vanidad ni egolatría, deja que tus virtudes sigan su curso: no las disimules, disfrútalas, sácales el jugo, llévalas a cabo con pasión, así se noten. ¿Cómo recompensarte a ti mismo si ocultas tus valores?

[…]que tu autocontrol te permita un desliz o que tu presupuesto se salga de vez en cuando de lo previsto.

[…]problema es que si intentas “explicarte” y comprender permanentemente los sentimientos, los obstruyes irremediablemente.

Sal un día a caminar con la sencilla idea de escuchar los ruidos que te ofrece el lugar que habitas.

No tengas miedo, autoelogiarte de manera justa y merecida no te convertirá en un narcisista insoportable; simplemente hará de ti una persona más fuerte y más segura: contribuirá a que funciones mejor contigo mismo.

Haz una lista de todo lo psicológico y físico que te gusta de ti y pégala por tu casa, en el automóvil, en la oficina.

Darte gusto es ser emocionalmente inteligente.

Darte gusto es la conducta de autocudiado más elemental y necesaria.

A la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados se les denomina autoeficacia.

Hermann Hesse: “Para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”.

[…]si tienes fe en algo o alguien, que sea un motor y una fuente de convicción de que eres capaz de funcionar por el mundo

“Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca”.

Si crees que no eres capaz y te tienes lástima, concédete la oportunidad de demostrarte a ti mismo lo que puedes hacer.

Escribe y anota los éxitos del pasado, y trata de que se mantengan activos y presentes, sin subestimarlos, sin decirte: “No fue nada”.

No dejes que el miedo y la inseguridad decidan por ti: si no hay retos, la resignación estará manejando tu vida.

[…]nadie aprende por ensayo- éxito, sino por ensayo- error.

Quererse a sí mismo, enamorarse de su propio ser, es una tarea ardua.

Desplázate en el sentido contrario al que marcan muchas convenciones, sin caer en el otro extremo.