El sutil arte de que te importe un carajo, Mark Manson

 Y si sueñas con algo todo el tiempo, entonces refuerzas esa misma realidad inconsciente todo el tiempo: no eres o no estás donde quisieras estar.

La clave para una buena vida no es que te importen muchas cosas; es que importen menos, para que en realidad te importe lo que es verdadero, inmediato y trascendente.

Este Maldito círculo vicioso del sobreanálisis se ha convertido casi en una epidemia; a muchos nos pone más estresados, más neuróticos, y propicia que nos despreciemos más.

El deseo de una experiencia más positiva es, en sí misma, una experiencia negativa. Y, paradójicamente, la aceptación de la experiencia negativa es, en sí misma, una experiencia positiva.

mientras más persigas el sentirte bien todo el tiempo, más insatisfecho estarás; pues perseguir algo sólo refuerza el hecho de que careces de ello.

Mientras más te desesperes por ser sensual y deseado, más feo te encontrarás, independientemente de tu apariencia física actual.

“Nunca serás feliz si continúas buscando en qué consiste la felicidad. Nunca vivirás si estás buscando el significado de la vida”.

¿Te has dado cuenta de que a veces, cuando algo deja de importante tanto, sale mejor? Fíjate como, en ocasiones, la persona que menos se interesa en el éxito es quien lo logra.

 gimnasio se cristaliza en mejor salud y energía.

si logras que el dolor te importe un carajo, nada podrá detenerte.

Y si vas por la vida dándole importancia a todo y a todos, sin hacerlo conscientemente o por elección, bueno, acabarás jodido.

Anhelan ser alguien que no se agita por nada y no cede ante nadie.

incluyendo las partes que no nos encantan. Y de una forma extraña esto es liberador. Ya no necesitamos que todo nos importe. La vida es lo que es; la aceptamos, con todo y verrugas.

Cuando finalmente te sientes cómodo con toda la suciedad que la vida te lanzará (y te arrojará mucha suciedad, créeme), entonces te vuelves invencible en una forma espiritual.

Después de todo, la única manera de superar el dolor es aprendiendo a soportarlo primero.

la criatura que está medianamente insatisfecha y que es insegura, es la que hará el trabajo más innovador y sobrevivirá.

Los problemas nunca terminan, simplemente se intercambian o se mejoran.

La verdadera felicidad sólo ocurre cuando encuentras los problemas que disfrutas tener y resolver.

¿qué dolor deseas en la vida?, ¿por qué estás dispuesto a luchar?

Lo que determina tu éxito no es qué quieres disfrutar. La pregunta relevante es qué dolor quieres continuar.

Quería la recompensa, pero no el esfuerzo. Quería el resultado, pero no el proceso. Estaba enamorado, pero no con la lucha, sino con la victoria. Y la vida no funciona así.

nuestras luchas determinan nuestro éxito.

Para ser de verdad bueno en algo, debes dedicarle toneladas de tiempo y energía; y como tenemos un tiempo y una energía limitados, pocos nos volvemos en realidad excepcionales en más de una cosa, si es que lo logramos.

Las raras personas que sí se vuelven de verdad excepcionales en algo lo hacen no porque crean que son excepcionales. Por el contrario, se tornan asombrosas porque están obsesionadas con la mejoría.

La gente que se vuelve estupenda en algo lo consigue porque comprende que no ha alcanzado esa genialidad—que es mediocre, que es promedio— y que podría ser mucho mejor.

El conocimiento y la aceptación de tu propia existencia mundana, de hecho, te liberarán, para que logres lo que siempre soñaste conseguir, sin juicios ni expectativas inalcanzables.

Los humanos a veces eligen dedicar grandes porciones de su vida a lo que parecieran causas destructivas o inútiles.

Justamente porque significaba algo, fueron capaces de soportarlo, o quizás, incluso, de disfrutarlo.

El autocuestionamiento honesto es difícil de lograr.

Es mucho más útil asumir que eres ignorante y que no sabes mucho. Eso te mantiene libre de creencias mediocres y promueve un estado constante de aprendizaje y crecimiento.

En el largo plazo, completar un maratón nos hace más felices que comernos un pastel de chocolate.

Empezar un pequeño negocio con amigos y sufrir por llegar a la quincena nos hace más felices que comprar una nueva computadora.

Involucran dolor, lucha, incluso enojo y desesperación, pero una vez que las hemos logrado, todos pensaremos en ellas con los ojos llenos de lágrimas mientras se las contamos a nuestros nietos.

“Algún día, en retrospectiva, los años de esfuerzo te parecerán los más hermosos”.

Algunos de los mejores momentos en nuestra vida no son placenteros, no son exitosos, no son reconocidos y no son positivos.

comprensión de que somos, individualmente, responsables de todo en nuestras vidas, sin importar las circunstancias externas.

Simplemente culpar a los demás es hacerte daño a ti mismo.

“Yo no escogí esta genética de porquería, así que no es mi culpa si todo sale mal”.

Siempre estamos en el proceso de aproximarnos a la verdad y a la perfección sin nunca alcanzar ni la verdad ni la perfección.

Mucha gente se obsesiona tanto con hacer todo “correctamente” en su vida que acaba por no vivirla.

La gente mala nunca cree que es mala; por el contrario, cree que todos los demás son malos.

Incluso un comportamiento tan simple como ver de reojo los mensajes de texto de tu novio o pedirle a un amigo que te cuente lo que los demás dicen de ti, es originado por la inseguridad y ese doloroso deseo de estar seguro.

Es la Ley de Retrocesión de nuevo: mientras más tratas de tener certeza sobre algo, más dudoso e inseguro te sentirás.

“El hombre que cree que sabe todo, no aprende nada”.

Ley de Parkinson: “El trabajo se expande para llenar el tiempo disponible para su realización”.

Ley de Murphy: “Lo que puede salir mal, saldrá mal”.

Cualquier cosa que sacuda ese confort—incluso si podría mejorar tu vida de manera trascendente—, causa miedo inherentemente.

mídete con identidades más mundanas: un estudiante, una pareja, un amigo, un creador.

Preferría ganar relativamente bien y tener un empleo detestable, o sería mejor jugar al empresario de internet y ser pobre un rato?

Si alguien es mejor que tú en algo, entonces es probable que lo sea porque ha fallado más veces que tú.

Si alguien es peor que tú, entonces es probable que no haya pasado por todas las experiencias dolorosas de aprendizaje que has pasado tú.

los medios masivos, que constantemente nos exponen a éxitos estelares una y otra vez, mientras que no nos muestran las miles de horas de práctica aburrida y tediosa que se requirieron para alcanzar ese éxito.

Sólo podemos ser verdaderamente exitosos en algo en lo que estamos dispuestos a fallar. Si no estamos dispuestos a fracasar, entonces no estamos dispuestos a lograr el éxito.

Si tu parámetro para el valor “éxito bajo el estándar mundial” es “comprar una casa y un auto fino” y dedicas 20 años a trabajar de día y de noche para lograrlo, una vez que lo consigas, el criterio con el que calificaste ya no tiene nada más qué ofrecerte.

es el crecimiento lo que genera felicidad, no una larga lista de logros arbitrarios.

Dabrowksi discutía que el miedo, la ansiedad y la tristeza no necesariamente son siempre estados mentales indeseables o inútiles, por lo general son representativos del dolor necesario para el crecimiento psicológico. Negar ese dolor es negar nuestro propio potencial.

La vida se trata de no saber y luego hacer algo de todas formas. Toda la vida es así. Nunca cambia.

La acción no sólo es efecto de la motivación; también es causa de ella.

la libertad absoluta, en sí misma, no significa nada.

no tenía ninguna idea de lo que estaba haciendo, pero se me ocurrió que, si iba a ser pobre y miserable, lo sería trabajando bajo mis propios términos.

etcétera. Pero necesitamos rechazar algo; de otro modo, no mantenemos ninguna postura hacia nada.

El amor sano surge cuando dos personas reconocen y manejan sus propios problemas con el apoyo mutuo, como pareja.

la persona asume la responsabilidad por problemas o emociones que no le pertenecen o está demandando que alguien más asuma la responsabilidad por sus problemas o emociones.

Por contraparte, una relación sana se da cuando dos personas resuelven sus propios problemas con el fin de sentirse bien uno respecto del otro.

“Oye, éste es mi problema, no tienes que resolverlo por mí. Solo apóyame mientras yo lo soluciono”.

honestidad en mi relación es más importante que el que yo me sienta bien todo el tiempo.

Pero más no siempre es mejor. De hecho, lo cierto es lo contrario: somos más felices con menos.

Mientras más viejo te vuelves, mientras más experimentado, menos te afecta cada nueva experiencia.

Pero es en la profundidad donde se esconde el oro, y tienes que mantenerte comprometido con algo y profundizar en ello para poder encontrarlo.

para compensar nuestro miedo de la pérdida inevitable de nuestro yo físico, tratamos de construir un yo conceptual que viva eternamente.

le damos demasiada importancia a algo, porque otorgarle importancia a algo es lo único que nos distrae de nuestra realidad y de la inevitabilidad de nuestra propia muerte.

Ese metro de distancia es el límite absoluto para la mayoría de la gente. Estás suficientemente cerca como para inclinarte hacia adelante y ver el fondo, pero aún estás suficientemente lejos como para sentir que no te expones a un riesgo real de matarte.

Los estoicos de la antigua Grecia y Roma recomendaban a las personas que tuvieran presente a la muerte en todo momento, de modo que apreciaran más la vida

“El temor a la muerte deriva del temor a la vida. Un hombre que vive plenamente está preparado para morir en cualquier momento”.

La muerte es lo único que podemos saber con certeza, y como tal, debe ser el compás a través del cual orientemos nuestros otros valores y decisiones.

elegir valores que vayan más allá de servirte a ti, valores simples, inmediatos, controlables y tolerantes al caótico mundo que te rodea. Ésta es la raíz de la felicidad.

Estamos muy bien acomodados en términos materiales y, sin embargo, muy atormentados psicológicamente por problemas menores y superficiales.

Tú ya eres grandioso porque, ante una confusión interminable y la muerte inminente, continúas eligiendo a qué darle importancia y qué debe valerte un carajo.

Y la lección primaria es ésta: no hay nada qué temer. Nunca.